Apodos VIII


Asociación Mutual Social y Deportiva Atlético de Rafaela (Santa Fe):
- La "crema". Debido a que: 1- viene por que eran gente de clase social alta en los que en otra época le decian "cremosos" y además eso lo utilizó SanCor en 2003 cuando ascendieron a 1º división, el famosísimo slogan "La crema es de primera" que se podía ver en la publicidad estática.
- Otro apodo es "celeste", debido a que es uno de los colores que forman parte junto al blanco de la camiseta y también en el símbolo del sponsor es predominante.
Comisión de Actividades Infantiles (Comodoro Rivadavia, Chubut):
- “Azzurro”, por el color de la camiseta (azul con vivos blancos). También CAI, por las siglas de la institución.
Mandiyú (Corrientes): Tiene 2 apodos. Primero "albo", por el color de la camiseta (que en realidad es verde y blanco) pero con más blanco que verde (vivos verdes comunmente), y el segundo algodonero porque la palabra Mandiyú significa "algodón" en guaraní y además al club lo creó el dueño de una empresa textil que fue el presidente de Mandiyú que lo llevo a lo mas alto del futbol argentino durante 7 años, que es el señor Eduardo Seferian, todavía sigue vivo, vive en Buenos Aires y depende el proyecto sigue aportando dinero al Club. Por esos motivos a Mandiyu le dicen albo y Algodonero. Albiverde es otra manera de apodarlos.
C.A. Douglas Haig (Pergamino, Buenos Aires): Los fogoneros (probablemente el más conocido): porque los fundadores del club eran empleados del Ferrocarril y trabajaban especialmente en la parte de las calderas.
- Los Cara Sucia (un antiguo apodo, que hoy casi no se usa): exactamente el mismo motivo que el anterior que se ha nombrado, al trabajar en las calderas quedaban cubiertos de carbón en el rostro.
- El "A.C. Milan de Pergamino" (el apodo más reciente): allá por la epoca del Nacional B en el cual fue partícipe (mediados de los 90's), el legendario conductor de TN Deportivo (en aquel momento) Juan Pablo Varsky apoda así a Douglas Haig por las brillantes campañas de aquellos años como el "Milan de Pergamino" (incluso enfrentó a Estudiantes de La Plata en el Nacional B).
- Rojinegro (debido a los colores del escudo y la camiseta -a bastones rojos y negros verticales-) y DH (siglas del club), también son otros apodos conocidos.
Asociación Atlética Lujan de Cuyo (Luján de Cuyo, Mendoza): Si bien no tiene apodo alguno, los medios los denominan "los del Bajo" por la ubicación de la cancha y por la villa que está junto a ella. El "viole" también... en vez de decir "sos de Luján" todos dicen... "sos del viole" (debido a los colores de la camiseta).
Asociacion Civil Club Deportivo Cruz Del Sur (Bariloche, Río Negro): Únicamente el de los Cruzados (es obvio que es por el nombre).
Club Social y Deportivo Roca (General Roca, Río Negro): los naranjitas (por la casaca y por los colores del escudo). Otro motivo del color es como homenaje a la "naranja mecánica" de 1974. Por el "depo" también puede ser conocido.
Club Atlético de la Juventud Alianza (San Juan): El lechuzo. Según cuentan, comunmente se ubicaban lechuzos sobre los travesaños de los arcos. En un partido, en el que Alianza perdia por 1 a 0, los rivales estrellan un pelotazo en el travesaño ahuyentando a un lechuzo, despues de lo cual Alianza pudo empatar el partido y despues ganarlo por 2 a 1. De ahí quedó el "lechuzo". El Decano de Santa Lucía es otro apodo, ya que es de la ciudad sanjuanina de Santa Lucía.
A.C. San Martín de Mendoza (San Martín, Mendoza): Chacareros, Albirrojo y El león del este. Chacareros por la zona donde están ubicados (de "chacras", agrícola).
- Es conocido también como “El León” por la histórica garra de sus primeros equipos no solo en fútbol sino también en otras disciplinas deportivas, denominación que se acentuó en la década del '70 con el protagonismo alcanzado por su hinchada autodenominada “Los Leones del Este”.
- Albirrojo debido a los colores de su club y los de la camiseta (bastones rojos y blancos verticales).
Club Atlético Sarmiento (Resistencia, Chaco): El decano y aurirrojo. "Decano" por ser el primer club fundado en la provincia del Chaco y aurirrojo, por los colores del escudo y la camiseta (a bastones rojos y amarillos verticales).

El Dakar: La última gran aventura (etapa 1979-2007)

"El 26 de diciembre de 1978, un puñado de aventureros iniciaban en París una andanza que pronto se convirtió en leyenda. Con el año nuevo tomaron alegres la salida de París, atendiendo a la llamada de Thierry Sabine, para reunirse 20 días después en las playas de Dakar, la capital de Senegal. Entonces no eran conscientes de que con ellos nacía una leyenda".
El Rallye de Montecarlo, el Gran Premio de Mónaco, las 24 Horas de Le Mans o las 500 Millas de Indianápolis son pruebas legendarias, míticas. Imponerse en ellas, es, para pilotos y marcas, más importante incluso que ganar un campeonato del mundo. Sin embargo, a finales del siglo XX, su supremacía como competiciones estrella fue cuestionada por el Dakar. En su leyenda, formada en muy pocos años, posiblemente influye la trágica muerte de su creador, Thierry Sabine, en un accidente de helicóptero, pero, sobre todo, el grado de dificultades que debían superar los participantes.
Una odisea humana y deportiva: El Dakar no es una prueba más, una carrera loca. Es la carrera más difícil de todas, y en la que los participantes deben superar tantas dificultades que concluirla ya constituye un triunfo. Hay que conseguir un presupuesto elevado, hacerse con un auto adecuado, montar una difícil logística y superar la dureza y crudeza del desierto y los caprichos de la mecánica. En suma, el Dakar quería recuperar el tono de lo que fue el Pekín-París de 1907, poniéndolo al alcance de todo el mundo.
Dicen que Sabine imaginó esta carrera cuando estaba al borde de la muerte, perdido en el Teneré, el gran desierto de Níger, mientras participaba en una carrera similar, el Abidján-Niza (diciembre de 1976-enero 1977). Tras 3 días de sufrimiento, fue hallado por el avión del organizador. Los primeros Dakar fueron una gran aventura, pero se disputaron básicamente por pistas. El recorrido de cada etapa era todavía muy aproximado y, en ocasiones, se conocían sólo los puntos de salida y llegada. Los participantes, además, debían procurarse la intendencia sobre la marcha, desde la nafta hasta los alimentos, pasando por los recambios. La solidaridad, la necesidad de ayudarse unos a otros, era básica. El éxito de la primera edición y la resonancia que tuvo -en enero, hasta finales de mes, no había otra competición de motor, el Montecarlo- hicieron que las fábricas se interesaran de forma inmediata por la carrera. Y la prueba comenzó a complicarse. Llegaron los camiones de asistencia, los pilotos profesionales, la logística. Y el Dakar fue considerado por jóvenes y no tan jóvenes ejecutivos como una dura prueba a superar.
La selección de los mejores: Escándalos, golpes medíaticos, participación de estrellas y personajes populares de la prensa del corazón, pero también de accidentes mortales y pilotos perdidos en el desierto durante varios días. No faltan anécdotas de pilotos que han arreglado su caño de escape utilizando latas de sardinas o recorriendo 200 km de desierto en taxi para comprar un recambio. Todo ello ha hecho grande la aventura.
El Dakar significa velocidad, pero también ingenio. Sangre fría para mantener el rumbo durante muchos kilómetros sin nada para orientarse o para decidir la ruta más adecuada. El GPS, el sistema de navegación vía satélite, eliminó entrados los años 90's una de las dificultades básicas del Dakar: la navegación. Por ello, los organizadores han ido limitando la utilización de estos aparatos, hasta obligar a utilizar un único tipo a todos los participantes. Las últimas ediciones de la década de los 90's se caracterizaron por un intento de retornar a los orígenes, limitando las asistencias -casi 1000 personas-, que se trasladaban en avión, limitando el GPS y con rutómetros menos perfeccionados. Todo con el fin de recuperar el espíritu de la aventura.

De noche, los equipos oficiales (por ej, en la foto, el de Peugeot en la edición de 1987 con los 205), convierten el desierto en improvisados boxes para rehacer completamente los autos.
Cronología
1979: el 26 de diciembre de 1978, 170 equipos toman la salida en París para una nueva prueba. El objetivo es llegar a Dakar a través del Air y el Teneré sobre cualquier engendro mecánico. El primer coche clasificado es el Range Rover de Genestier-Terblaut.1982: Algunos participantes se pierden en las dunas; entre ellos Mark Tatcher, hijo de la primera ministra británica, que no fue hallado hasta 3 días después. La noticia abrió el Dakar al mundo. Ganaron los hermanos Marreau con un Renault 20 4x4.
1986: Thierry Sabine muere en un accidente de helicóptero, cuando intentaba llevar la caravana hacia Gourma Rarous, un lugar perdido de Malí, para preservarla de una tormenta de arena.
1989: El Dakar abre Libia al mundo.
1991: Malí está en plena revuelta y un soldado nervioso mata al conductor de un camión de asistencia. Vatanen consigue la victoria con Citroën.
1992: Año mágico: por primera vez el rallye no pasa por Dakar. Se disputa entre París y Ciudad del Cabo. Hubert Auriol, que había ganado 2 ediciones en moto, gana en autos. Es el único que ha conseguido el doblete (hasta 2007).
1994: Cambio de orientación: París-Dakar-París para festejar los 15 años.
1995: Hubert Auriol recibe el encargo de dirigir la prueba, y traslada la salida a Granada.
1998: En el 20º aniversario se celebra un París-Dakar a la vieja tradición, pasando por Granada.1999: Jean Louis Schlesser se impone en el Granada-Dakar.
2000: Para la emblemática edición se organiza un Dakar-El Cairo, pero el aviso de enfrentamientos armados en Níger obliga a poner en marcha un gigantesco puente aéreo entre Niamey y Libia.
2008: se suspende la edición prevista para ese año debido a amenazas terroristas.

Violencia en el deporte: Arbitros boxeadores

La violencia en el deporte no cesa. Y qué decir en Argentina y encima en el fútbol. Hizo punta en el deporte de la nº5 y no distingue colores ni categorías. Sino, que lo diga este árbitro de una liga regional de Arrecifes (localidad de la Provincia de Buenos Aires, distante 150 km de la Capital Federal) donde en un partido válido por aquel torneo aproximadamente por agosto/septiembre de 2005, tuvo la desgracia de expulsar a un jugador y tener que tomarse a golpes con el susodicho al no aceptar la tarjeta roja. El colegiado, ni lerdo ni perezoso y ex boxeador, no tuvo mejor idea que ajusticiarlo y hacerle saltar los "chocolates" a quién se le cruzara. Eso si, el expulsado y agredido debió salir corriendo y hasta defenderse con la policía para no recibir una paliza fenomenal. Abajo, el vídeo, con algunas imperfecciones de origen.

Tómalo o déjalo.

El blog "Tómalo o déjalo" de Thomas nos regaló esto:

LP, Loca Pasión: ¿Suena mejor un disco de vinilo, un CD o un MP3?

Andrés Ospina*
MP3 killed the vinyl star: Entre los objetos de la casa a los que venero con más fervor fetichista está una Victor Talking Machine. Es algo parecido a una vitrola, aunque no lo mismo. Las vitrolas tienen una corneta metálica, similar al pabellón de una tuba. Las Víctor Talking Machine no, lo que las hace un tanto menos vistosas, sólo cuentan con cuatro grandes hendijas a manera de parlantes, éstas a su vez resguardadas por un par de compuertas desde donde parte el sonido hasta los oídos de quienes tenemos suficiente paciencia como para ponernos en la tarea de darles cuerda, cada poco tiempo. Algunos comerciantes disfrazados de krishnas venden ciertos modelos de imitación, de aquellos que operan con baterías. Pero en esos casos ni los hombres son krishnas, ni los artefactos vitrolas. La intensidad de los decibeles se controla al abrir o cerrar las mencionadas compuertas. Es una forma rústica aunque romántica de variar el volumen del audio, que parte desde una aguja a la que hay que reemplazar después de un mínimo uso, y a la que se le acomodaría mejor, dado su tamaño, la palabra ‘puntilla’. Cada una de las mencionadas agujas alcanza, en el mejor de los casos, para dos o tres canciones. Luego se vuelve roma.
Mi Victor Talking Machine fue fabricada en 1927, según pude corroborar por el número de serie grabado sobre la pequeña placa aún pintada de negro en donde se adivina la figura del famoso cachorrito terrier, asustado por aquellas misteriosas notas tocadas desde el fondo del aparato, por nadie. Cada vez que puedo me dirijo hacia algún anticuario callejero para comprar, al azar, un par discos de 78 RPM, en donde sólo hay dos canciones. Regreso con una bolsa de papel en cuyo interior hay 6 ó 10 discos, de esos que se rompen al caer al suelo. Luego, sin saber de qué van, los pongo a girar sobre el plato del prehistórico tocadiscos, a la espera de encontrarme con cualquier cosa. Una vez mi amigo me estaba observando un fonógrafo parecido al mío y comentó, en la que me pareció una muy sensata apreciación, que esos dispositivos cumplieron una vez con una función bien similar a la de un actual I-Pod, algo más rústico. Un lugar en donde se almacenaban distintas canciones que luego podían ser reproducidas a gusto del usuario, en órdenes caprichosos. Es una forma algo arcaica de ‘randomizar’ mediante cierto mecanismo de mágica aleatoriedad el devenir musical de todos los días. Algunas veces, para ablandar un tanto los precios, le insinúo al vendedor que en vista de las malas condiciones lucidas por los discos de 78 rpm que me ofrece, el alto precio exigido por los mismos debería disminuir. Él me contesta, invariablemente, que si así lo quiero podemos ensayar una por una las ‘pastas’, y que si encontramos una que no suene bien, él me la dará gratuitamente. Ante un argumento como ese no me queda más que dar mi voto de fe a la mercancía usada y pagar la cifra estipulada inicialmente sin chistar.
Roll over Beethoven: Aquel formato del que hablo, fue el antecesor del más popular y reciente LP, presentado al mundo el 21 de junio de 1948, hace 60 años, obra del ingeniero húngaro de la CBS Peter Carl Goldmark. Eso de que los discos prensados en los 30 sean menos susceptibles a ralladuras que los que aparecieron luego en el formato LP, y quizá algo menos también que los compactos, unos 50 años más jóvenes, tiene un significado más grande que el de una mera anécdota sentimentaloide. Entre expertos y aficionados hay una corriente de melómanos serios, para quienes la calidad de los formatos más recientes de compresión de audio, bien sean MP3, MP4, AAC o CD, está muy por debajo de los estándares obtenidos en tiempos antiguos, cuando cintas magnéticas y discos de vinilo dominaban el mercado. O por lo menos de la de los álbumes producidos durante los 70 y 80, que fueron épocas doradas para el disco de larga duración, al que por mucho tiempo, desde el inicio del imperio digital, el mercado había venido mirando con desinterés o sentenciándolo de muerte por inanición. Yo mismo me he rendido ante la tentación de tener toda mi colección (incluyendo vinilos, cintas de carrete abierto, casetes y otras aberraciones más) convertidas a mp3 en un disco duro. Es una solución práctica, que garantiza la preservación de las matrices originales y permite compartir loa audios sin problema, en lugar de tener que buscar malas excusas para no prestar los discos a nadie. Pero en honor a la verdad hay que reconocer que, al menos según mis estándares de audición, las condiciones de la muestra sonora decrecen.
El rango promedio de muestreo de un MP3 está por los 128 kbps. Los más puristas convierten sus audios a una tasa de 160, y otros de 256, en un esfuerzo por conservar una fidelidad ya perdida. Ninguno de estos se acerca, ni de lejos, según dicen los entendidos, a los niveles de frecuencia utilizados por los viejos discos de larga duración, con todo y ralladuras, ni mucho menos a las cintas magnéticas de carrete abierto, a las que intentaron sin éxito de popularizar en los 70'. Una explicación muchas veces dada: Los formatos digitales de almacenamiento de música la convierten en datos. En algoritmos, y códigos, y caracteres. Y no, como ocurría antes, en decenas de cientos de miles de impulsos magnéticos o análogos registrados en los surcos de los álbumes, o en los kilómetros de cinta que en su momento tomaba grabar una canción.
Ya desde los 80, con la llegada del CD, la industria discográfica comenzaba a preguntarse si la disminución en tamaño y costos justificaba el sacrificio de perder algo de información en aras de la compresión. Cuando empezaron a vender discos compactos en Bogotá. Cuando Bernardo Hoyos escribía sobre sus bondades en la Revista Diners. Cuando los ejemplares se vendían un tanto misteriosamente por encargo en aquel tradicional local de ‘El Gramófono’ en Unicentro, llegaron con el cuento de hadas de que eran indestructibles e inmejorables. Y la mayoría nos lo creímos.
Alta infidelidad: Sicoacústica es la ciencia que determina hasta qué punto nuestra percepción acerca del sonido está condicionada por la forma como el cerebro reacciona a estímulos sonoros a partir de experiencias anteriores, expectativas y prejuicios. Sicoacústicamente hablando, -y qué pretencioso suena- cada vez son menos los que crecieron oyendo discos de larga duración. Para estas generaciones de oídos digitalizados, los formatos de compresión como MP3 o AAC son su referente más cercano de cómo debe sonar la música. Por eso, tal vez, la diferencia no es algo que les preocupe. Pero quienes han tenido una vida más larga y unos órganos de audición suficientes como para comparar llevan años pensando en el asunto.
Una pregunta, de la que todo ingeniero de sonido y encargado de masterización debe ocuparse, es en dónde fundamentalmente va a ser oído el producto en el que se está trabajando. ¿En los monitores convencionales de un ordenador cualquiera? ¿En los altavoces del bus escolar? ¿En los audífonos de un I-Pod? ¿O con un juego de altoparlantes Bose de última generación? El ejercicio de conectar este último a un buen sistema de amplificación arroja resultados desalentadores. En teoría se trata de cambios imperceptibles en las frecuencias. Pero un oidor sensible se da cuenta de que algo falta. Por ello, en medio de una generación habituada a pensar en la música como bites y bytes, hay un sector de opositores a los malos resultados en remasterizaciones de grabaciones originalmente análogas, o a la cantidad de colores que se pierden en las versiones digitales de nuevas piezas. Joe Levy, de Rolling Stone, estuvo analizando una misma grabación en distintos formatos y masterizaciones, y los resultados se inclinaron del lado de lo análogo.
Algo muy difícil de haber imaginado en 1988, cuando las disqueras se ufanaban de exhibir con orgullo en alguna esquina de sus productos las siglas DDR (que significaba que todos los procesos efectuados para la grabación, mezcla y masterización del producto ofrecido habían sido digitales).
Era fácil pensarlo si comparábamos compás por compás las versiones en lp y cd de los 14 Cañonazos Bailables de Fuentes, de 1992, ya concebida para ser tocada en equipos digitales. Sin embargo, la ecuación no siempre funciona. Los almacenes comenzaron a deshacerse de los viejos discos porque ‘les ocupaban mucho espacio’. Que lo diga yo, aferrado como pocos a un pasado remoto que ni siquiera viví y parcializado positivamente hacia todo lo viejo, no sería extraño. Pero ya son muchos los verdaderos amantes de la alta fidelidad en oposición a los nuevos credos digitales. La discusión está puesta hace tiempo sobre la 'torna' mesa. "El vinilo suena mejor, y llevan veintitantos años engañándonos con la calidad del CD”, dijo Elvis Costello, quien, muy a tono con ese pensamiento lanzó su más reciente trabajo ‘Momofucu’ en un formato tradicional de vinilo, en cuya carátula se incluyó un cupón para poder descargarlo por vía web.
Días después apareció la versión en CD. Pero el mensaje quedó claro. Declaraciones en el mismo sentido han venido de leyendas como Neil Young y Bob Dylan, aunque, nótese bien, todos ellos vinieron al mundo en tiempos de vinilo.
Bájale el volumen: Desde los lejanos y gloriosos días de George Martin al mando de la consola de Abbey Road el volumen era una obsesión de ingenieros y productores. Antes incluso de que sus grabaciones fueran populares en EE.UU., el genio musical detrás del sonido beatle tenía entre sus preocupaciones principales el tema del volumen. Se preguntaba porqué los Beach Boys alcanzaban semejantes niveles, comparados con los que venían de Gran Bretaña.
La carrera, que pareció terminar en los 70', fue retomada hace por lo menos una década, en particular cuando ‘Californication’, de los RHCP sorprendió al mundo con sus decibeles inusuales. Se gana en impacto y espectacularidad, pero se pierde, y mucho, en lo que los expertos conocen como ‘rango dinámico’, que es el espectro de frecuencias sacrificadas por la compresión.
Ahora bien, no será por nada que la fabricación de tornamesas, en declive durante muchos años, ha comenzado a despegar una vez más con nuevos modelos, algunos equipados además con entradas para puertos USB y otras implementaciones modernas.
Sería demasiado pronosticar una segunda vuelta del vinilo como el rey de los formatos. No sería fácil destronar las más de dos décadas habituados a la escucha y consumo de música procedente de fuentes digitales. Pero el hecho dejó claro, por lo menos, que el disco de larga duración se resiste a convertirse en una curiosidad en desuso. Las ventas de álbumes en formato lp están subiendo de forma sorprendente. Parece que las tiendas de discos de barrio, como núcleos de socialización y de aprendizaje, sobrevivirán por más tiempo del que se pensó.
En este mundo de piraterías y otros vicios, algunos mesías desesperados, de los mismos que hace 20 años apostaban por la desaparición del LP, han comenzado a hablar del vinilo como el posible salvador de un panorama apocalíptico para las disqueras. Tal vez tengan razón y algún día los viejos discos vuelvan a hacer sentir sus cuerpos circulares, pesados y acelerados girando obstinados sobre las pocas Victor Talking Machine que en el mundo puedan quedar para ese, espero, no tan lejano entonces.

*Autor de El Blogotazo, blog del diario El Tiempo de Colombia.

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