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Un recuerdo que estaba por ahí guardado y salió del olvido. Esta preciosa camiseta es de Huracán Ciclista de Gonzales Chaves. No tenemos muchos más datos de esta camiseta, pero podemos decir que es de mediados de los 80's, marca Topper (que en aquella época tenía la particularidad de poner el escudo a la derecha y la marca a la izquierda) y cuyo sponsor es "La Chavense" (una empresa de productos lácteos, de la cercana localidad de Gonzales Chaves, fundada en 1945). Otras características de la camiseta: las lineas en escala de rojo típicas de la época y el cuello polo. En este caso, esta tiene el nº 13 (llama la atención los nº inspirados en Adidas, siendo que Topper tenía otro tipo de nº) y es talle large.

Miatello versus Rubio... aunque las fotos no son las mejores, existe cierto parecido
De izquierda a derecha... con ustedes: Osvaldo Miatello, político, concejal por el Frente para la Victoria, con una larga trayectoria en el Partido Justicialista de Rosario. Se ve que en esta tierra tan generosa llamada Rosario, nadie se percató de cierto parecido físico (aunque en la foto no lo parezca tanto y no se vea bien) y si buscan otras fotos, notarán el parecido que les comento.
Bueno, del gran Luis Rubio, sabemos quien es (la mayoría), porque lo hemos visto haciendo esa tan cómica representación de Eber Ludueña, nacido el 4 de abril de 1954 (04/04/1954, el '4' es el número que acompañó a Eber durante toda su carrera como profesional), "el 4", aquel tosco jugador de paso recordado por Douglas Haig de Pergamino, entre otros clubes, que con sus anécdotas nos recuerda cómo lesionó y ligó suspensiones, tarjetas y otras anécdotas muy graciosas. Luis Rubio, es un humorista rosarino. Se le recuerda en años anteriores haciendo pareja con Rottenberg, en la obra "Rubio & Rottenberg".
Otra vez, la Revista Nueva, nos ofrece un interesante artículo, en este caso, sobre la historia del pato, deporte nacional argentino, cuyo artículo salío en la edición del domingo 24 de noviembre de 1996.
"El deporte nacional argentino hace furor en la clase alta de varios países europeos, pero sus cultores ignoran cuál es su lugar de origen e incluso algunos se atribuyen su creación. No está de más aclarar las cosas".
Por una vez no lo inventaron los británicos. Aunque en el Viejo Continente lo llaman "horse-ball" ("Pelota-caballo" o "balón-caballo" en inglés) y lo definen como "una mezcla de rugby, basketball y polo", el deporte en cuestión no es otro que el viejo y querido pato. Últimamente (1996) se puso de moda entre los amantes europeos del polo, pero la mayoría ni se molesta en investigar sus orígenes.
Italia es el único país que decidió abrevar en las fuentes y fundó la Asociación Italiana de Pato Argentino. Los franceses, en cambio, se atribuyen su creación vía el Barón Philippe de Rothschild. Hace una década Jean Paul Depons, entonces presidente de la Federación Francesa de Horseball, tuvo el tupé de considerarse el propulsor de su perfeccionamiento: "Mi propósito fue fusionar el polo con la tradición ecuestre europea". Y, para embarrar más las cosas, sostuvo que "el problema planteado por el horse-ball al hombre y al caballo es prácticamente del mismo tipo que la tauromaquía". Los españoles, menos macaneadores, rastrean su nacimiento en las "pampas sudamericanas", pero se equivocan feo al sostener que se practicó por primera vez "a principios de este siglo por 2 equipos de 6 personas". Deberían saber que -según algunos historiadores- ya lo jugaban los indigenas que habitaban la provincia de Buenos Aires. La competencia servía para dirimir rivalidades entre pueblos vecinos. Los gauchos continuaron con esa costumbre: formaban cuadrillas de 20 a 30 jinetes, y en la línea que dividía los campos de ambos bandos se tiraba un pato vivo, que había que disputar. Una crónica del siglo XVII da otra versión de la primitiva "pelota": dice que el animal, ya muerto, se introducía -dejando su cabeza afuera- en una bolsa de cuero que se cosía y tenía 2 o más manijas. En 1796 la iglesia lo prohibió por la violencia que caracterizaba la lucha, donde nunca faltaba algún muerto. Bernardino Rivadavia y Juán Manuel de Rosas también se opusieron a su práctica, pero las corridas sobrevivieron en la clandestinidad. Bartolomé Mitre las describió como "juego homérico, que tenía por arena toda la pampa, porque el que lograba arrebatar el pato procuraba ponerse a salvo, y la persecución que por este motivo se hacía era la parte más interesante".
Con el tiempo, las rudezas se suavizaron y en 1941, la flamante Federación Argentina de Pato redactó un reglamento. A pesar de que jamás alcanzó la popularidad del fútbol, boxeo o el basketball, en 1953 se lo declaró "deporte nacional". Para ello se tomó en cuenta su antigua tradición y su arraigo entre la gente de campo de provincias como Córdoba, Entre Ríos, Río Negro, Salta, La Pampa, Buenos Aires, Santa Fe y San Luis. Más adelante entró en un largo ocaso del cual parece decidido a salir en los últimos años. Su resurgimiento ya se notó en 1990, cuando 8000 espectadores asistieron a la final del campeonato abierto: una concurrencia 10 veces mayor que la de la temporada anterior. Además aumentó la cantidad de jugadores y surgieron otras modalidades, como el "pato de picadero" (intervienen tres hombres por equipo y se lo practica en las playas) o el "pato sobre la nieve" de las regiones andinas.
Mientras tanto en Europa, le cambiado el nombre, no respetan sus reglas originales y lo juega -al estilo picadero- en canchas más chicas, de arena. Como los jinetes cuentan con un solo caballo para todo el partido, las competencias pierden el ritmo de nuestras corridas y sus equipos están lejos de igualar la destreza de los criollos. Quizá por eso, en los Estados Unidos (donde polistas argentinos radicados allá ayudaron a su difusión) y otros países prefieren televisar nuestros partidos.
ANEXO: Como las características iniciales del juego cayeron en desuso, por su peligrosidad, luego fue reglamentado de forma que se pudiera competir sanamente: y se estableció una cancha rectangular de 220 metros de largo por 90 metros de ancho, como medidas máximas. En el centro se trazan dos líneas de 6 metros por 4 metros de separación, para marcar la posición inicial de los jugadores en el juego. Los arcos se colocaban en la mitad de las cabeceras, realizados en hierro con parantes acolchados, con un diámetro de un metro, y con una red de 1,40 metros de profundidad.
Lo que antes era un pato ahora es una pelota de cuero blanco, con cámara de goma, y con seis asas de cuero, con un diámetro de 40 centímetros de asa a asa, con un peso total de 1.250 gramos. Los jugadores son cuatro por bando, de 1 a 4. Los períodos de juego son de 8 minutos y la duración máxima es de 6 períodos, con un intervalo entre cada uno, de 5 minutos. El pato debe ser recogido y lanzado con la mano derecha.
Más info: http://www.pato.org.ar/


Como se hiciera en posts anteriores, reseñándose la historia del gran piloto australiano Andy Caldecott, y dado el furor que despertó el Rally Dakar realizado en enero, hoy se le rendirán honores a otro piloto que dejo su vida compitiendo y además una leyenda dentro de la prueba, que supo ser varias veces campeón, nos referimos a Fabrizio Meoni. Nacido en la ciudad italiana de Arezzo, un 31 de diciembre de 1957, sus comienzos en las competiciones en desiertos se remontan al año de 1990 donde participa en el Rally de Túnez, carrera en la que a pesar de ser su primera vez, logra figurar en los primeros lugares. El gran sueño de Fabrizio siempre fue participar en un Rally Dakar y lo vio realizado cuando en 1992 abordo de una Yamaha XTZ660, terminado la competencia termino en un aceptable duodécimo lugar y siempre en 1992 logro el tercer lugar en el Rally de los Faraones, otra importante competición. Luego de esto, "El Africano" como era apodado, logró el bicampeonato en la válida tunecina y un tricampeonato en las duras tierras egipcias, luego en 2001 logro conquistar por primera vez en su carrera el París-Dakar, además del Rally en Túnez y en Egipto, al año siguiente volvió a ganar una vez mas el Rally parisino y encumbrándolo como uno de los más grandes pilotos en la historia de estas clases de competencias , y con todos estos logros empezó a analizar la posibilidad de retirarse y ponerle fin a tan ganadora carrera. Pero no, fue tanto su amor por esta competencia extrema que al siguiente año (2003) lo hizo regresar a esta su pasión, terminando en una buena tercera plaza, en 2004 volvió a participar y para este vez dar a conocer el mensaje que varias veces había dicho anteriormente, la de su retiro. En 2005 volvió a competir en donde este definitivamente seria su ultimo año, y quería cerrar su carrera con broche de oro y que más que volviendo a ganar un Dakar, esta vez era el Barcelona-Dakar, durante todas las etapas en que logro competir, siempre ocupo los primeros lugares, al llegar a la etapa numero 11 (última que disputo) llegaba como segundo clasificado por detrás del francés Cyril Despres con 9 minutos y 13 segundos de retraso, el día anterior a esta prueba había muerto el piloto español José Manuel Peréz en un hospital en Alicante, España, a causa de los golpes sufridos en la etapa 7 en donde se clavó el manillar de la moto en el abdomen, luego camino algo aproximadamente 100 metros en donde encontró la ayuda de un piloto y luego las de los paramédicos, la respectiva. El recorrido de este fatídico hecho atravesaba Mauritania, con más exactitud en Tichit.
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